El Parche

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En la pequeña historia de la Tuna, al referirnos al Libro de Buen Amor, hemos recogido la figura del estudiante que demanda por Dios y hemos dicho que esa es otra cara de la Tuna de la que no hay por qué prescindir ni avergonzarse. Lo que se llama panderetazo o parche es una digna actividad, siempre que no se transforme en un oficio, ni se corrompa con la avaricia, ni se ensucie con la descortesía, la chulería o la zafiedad, porque es posible, y se da con frecuencia, la elegancia en el parche.

 

El tuno corriente disfruta cuando llega a un sitio y su música gusta y se fuerza a cantar por millonésima vez Clavelitos y Fonseca, porque la gente conoce y disfruta con esas canciones. La generosidad debe primar sobre el propio gusto y no puede escatimarse, porque una clase de avaricia es, por ejemplo, cortar las canciones, para abreviar y parezca mucho lo que no es nada.

 

Los tunos que se profesionalizan adoptan una característica actitud acartonada, de hastío por la rutina. En ese momento dejan de ser tunos para transformarse en mercenarios, en vez de disfrutar, sufren como si estuvieran picando piedra. Tampoco debe olvidarse la larga historia de la Tuna en parches benéficos, como los que recogemos en el siglo XIX en Valencia y en Madrid…

 

Autor: Emilio de La Cruz Aguilar

 
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